¿Y si perder nuestros derechos deja de ser ficción?

Las libertades conquistadas por las mujeres vuelven a quedar en el centro del debate internacional.

12 julio 2026

Propuestas para eliminar el derecho al voto femenino, restricciones a la autonomía reproductiva y políticas que refuerzan roles de género tradicionales han encendido las alarmas sobre el resurgimiento de discursos que cuestionan derechos que durante décadas parecían consolidados.

La discusión tomó fuerza en Estados Unidos durante la Cumbre de Liderazgo Femenino de Turning Point USA, en Texas. Allí, Erika Kirk, líder de la organización y viuda de Charlie Kirk. promovió el llamado “voto por hogar», una propuesta según la cual el esposo debería ejercer un único voto en representación de toda la familia.

La iniciativa fue respaldada por algunas asistentes e influencers conservadoras, quienes apoyaron que las mujeres casadas renuncien voluntariamente a su derecho al voto y que las solteras deleguen esa decisión en su padre o tutor masculino.

Aunque no existe ningún proyecto de ley para eliminar el sufragio femenino, defensores de derechos civiles alertan por la creciente aceptación de este discurso.

Esta narrativa se relaciona con el movimiento tradwife, que promueve la romantización del regreso de la mujer al hogar y la adopción de roles tradicionales sustentados en interpretaciones religiosas.

Se trata de una tendencia que ha venido creciendo en redes sociales como TikTok e Instagram, sobre la cual especialistas advierten que puede direcionar a las mujeres a la dependencia económica y a dinámicas de control o violencia.

El debate ha sido impulsado además por líderes del nacionalismo cristiano que proponen derogar la Decimonovena Enmienda, la cual garantiza el voto femenino. La controversia aumentó tras conocerse que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, compartió o respaldó mensajes de algunos de estos líderes.

En Estados Unidos también se han eliminado referencias a programas de Diversidad, Equidad e Inclusión en entidades como la NASA y el Pentágono.

Estas decisiones coinciden con la implementación de lineamientos del Proyecto 2025, que propone restringir derechos reproductivos y desmontar políticas de equidad de género, el desmonte de programas de Diversidad, Equidad e Inclusión, la reducción de apoyos educativos y sociales que impactan de manera desproporcionada a las mujeres y limitaciones para las militares que necesiten desplazarse a otros estados para acceder a servicios de salud reproductiva.

Las críticas compararon estas posturas con  El cuento de la criada, la novela de Margaret Atwood llevada a la televisión. La historia retrata un Estados Unidos donde un régimen fundamentalista elimina la democracia y priva a las mujeres de su identidad, sus derechos y las pocas fértiles son convertidas en esclavas reproductivas al servicio del Estado.

Aunque se trata de una ficción, para muchos el relato funciona como una advertencia sobre la fragilidad de los derechos cuando discursos extremistas comienzan a instalarse como opciones legítimas dentro de la conversación pública.

Las preocupaciones no se limitan a Estados Unidos. En Rusia, el Ministerio de Salud actualizó sus recomendaciones para la atención en salud reproductiva, este recomendó remitir a consulta psicológica a las mujeres que manifiesten no querer tener hijos.

La medida, que no aplica para los hombres, busca incentivar una actitud favorable hacia la maternidad en medio de la crisis demográfica. Para diversos sectores, esta política representa una presión institucional sobre una decisión que pertenece al ámbito personal.

El caso más extremo continúa siendo Afganistán. Desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021, las niñas tienen prohibido acceder a la educación secundaria y universitaria, las mujeres fueron excluidas de la mayoría de los empleos y no pueden desplazarse sin un acompañante masculino.

Además, deben cubrir completamente su cuerpo y rostro, tienen prohibido hablar en espacios públicos, a menudo son violentadas físicamente por figuras masculinas cercanas y enfrentan graves obstáculos para acceder a servicios de salud.

Los contextos son distintos y las medidas también, pero el hilo conductor es el mismo: la discusión sobre derechos que parecían garantizados vuelve a instalarse.

La preocupación ya no se centra únicamente en la pérdida de derechos, sino en la rapidez con la que ideas antes consideradas extremas comienzan a instaurarse en el debate público.

Por: Laura Urbano periodista KontraPortada