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Fuente: Agencia de Prensa Universidad Nacional de Colombia, 20 de abril de 2026

25 de abril de 2025.

Por Saín Jeí, politólogo.

En medio de una coyuntura de canibalismo electoral, con sus novelas superficiales de traiciones y conspiraciones, y una contrarrevolución en los vecinos del oriente, el gran maestro Víctor Manuel Moncayo nos ha dejado y ha alcanzado la entropía. Para quienes no lo conocieron, Moncayo fue uno de los profesores más importantes de la Universidad Nacional de Colombia: egresado de su pregrado en Derecho, profesor, rector designado (el primer rector cuya designación expresó la voluntad mayoritaria de la comunidad universitaria, como luego ocurriría con Leopoldo Múnera) y, finalmente, delegado ante el Consejo Superior Universitario, cargo que ocupó hasta su muerte y desde el cual impulsó, junto a un ser colectivo, la promoción del proceso constituyente universitario.

Moncayo se va con una despedida en el auditorio Camilo Torres Restrepo de su segunda casa: la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Nacho. Se va con un auditorio lleno de estudiantes, profesores, egresados y militantes; se va con flores, recuerdos y una bandera comunista a su cabeza.

Fue uno de los principales promotores de los estudios políticos críticos en Colombia. Trajo al país debates centrales del marxismo sobre el Estado, de Miliband a Poulantzas y Jessop, así como la riqueza política y teórica de Toni Negri, quien también nos dejó en 2023 y con quien Moncayo publicó su último libro: Aprender a volar: por una nueva subjetividad revolucionaria.

Desde la tribuna del profesor y desde las calles, Moncayo mantuvo siempre una crítica certera, una utopía alcanzable por la potencia política de la multitud y la clase obrera, y un análisis político sin concesiones. Su primer paso como profesor en la Nacho fue interrumpido por su expulsión bajo una rectoría afín al Frente Nacional. Volvería en la década de los ochenta para convertirse, junto a Orlando Fals Borda, en uno de los principales impulsores del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, el famoso IEPRI, así como del pregrado en Ciencias Políticas.

Moncayo participó también en la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas de la Mesa de Diálogos de Paz entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP. Fue uno de los dos relatores de los informes, junto al impresentable Eduardo Pizarro. En su relatoría, de casi cien páginas y de lectura obligatoria para cualquier científico social que estudie el conflicto armado colombiano, Moncayo construyó una interpretación prácticamente completa: abordó la complejidad histórica del conflicto sin omitir las contradicciones de clase y el orden social capitalista en Colombia, las formas de dominación estatal, las violencias acumuladas, ni los factores propios de la subjetividad política, entre otros. Cerró su texto con catorce tesis que siguen siendo fundamentales para comprender la reproducción del conflicto y las condiciones de posibilidad de su superación.

Los últimos gestos de coherencia política y fuerza vital del profesor Moncayo serán, sin duda, la defensa de la educación pública y sus reflexiones sobre la subjetividad revolucionaria frente a las transformaciones del orden capitalista, tanto a nivel global como en Colombia. En ambos casos, Moncayo, quizás desde un operaísmo a la colombiana, recupera de forma transversal la potencia de la multitud, en un sentido spinoziano, y las formas en las que se (re)configura la clase obrera con ocasión a los cambios específicos del capitalismo.

De allí que la defensa de la educación pública y, en particular, de la Universidad Nacional, con Moncayo en el CSU y con el gobierno universitario encabezado por Leopoldo Múnera, Andrés Felipe Mora y Carolina Jiménez, esté mediada por un proceso constituyente que no se restringe al cambio de las normas internas de la Universidad, sino que busca rebasar los límites administrativos de la institución para abrir una disputa por la vida política y social de la común-idad.

Asimismo, en su reflexión sobre la subjetividad revolucionaria, Moncayo parece conducirnos a una conclusión: los explotados de hoy necesitan aprender a volar de nuevo. No porque nunca hayan volado, sino porque, aun habiéndolo hecho, los movimientos y transformaciones de la historia exigen volver a aprender. Ese aprendizaje está atravesado por lo común y por la potencia de la autonomía de los comunes, en medio de las configuraciones y especificidades de la clase obrera en el mundo contemporáneo: las formas diversas que asume el trabajo, y con ellas, las formas también diversas de organización de las y los trabajadores.

Como señaló el maestro Jairo Estrada, con ocasión de las discusiones abiertas por Moncayo, aprender a volar nos lleva también a reflexionar sobre un elemento central de la perspectiva marxista: la subsunción real del trabajo al capital. Aquello que en las reflexiones del siglo XIX aparecía como un posible futuro, hoy se ha materializado. Actualmente, la dominación y la explotación capitalistas se han extendido al conjunto de la sociedad, y no solo a los espacios fabriles. Dicha expansión del capitalismo, en lo geográfico y en lo relacional, se expresa también en reconfiguraciones de la clase obrera, como por ejemplo la clase sexual y la clase racial, que dan cuenta de las formas específicas en que se condensan las contradicciones de esa dominación y explotación. De allí la multitud: no solo la clase obrera de las interpretaciones clásicas, sino la articulación de las formas específicas en que hoy se manifiesta, se fragmenta y se recompone el trabajo vivo.

Moncayo nos ha llevado, así, no solo hacia una imaginación política atravesada por la potencia de esa multitud, sino también hacia la exigencia de comprender las formas concretas en que se manifiesta la realidad capitalista. No olvidando a Marx, ni creyendo haberlo superado, sino continuando su pensamiento y la finura de su método para dar cuenta de nuestro tiempo. Se trata, entonces, de superar las cristalizaciones que quizás las mismas luchas han producido; de volver a pensar, desde una ontología del presente y de la praxis, las formas actuales de la dominación, de la explotación y de la emancipación. Tal vez allí radique una de las últimas enseñanzas de Moncayo: aprender a volar exige también aprender a leer el suelo histórico que habitamos.

Quisiera terminar citando al mismo Moncayo, recuperando a su vez el cierre del texto “Paolo Virno: un pionero del éxodo con una excelente puntería. Una invitación a su lectura”, el último texto del profesor en la Revista Izquierda, publicado en diciembre de 2025, hace apenas cuatro meses, donde se despide de Paolo Virno, intelectual y militante italiano. Allí, Moncayo nos deja las siguientes reflexiones y tareas:

La misma ambivalencia que está allí presente nos exige ser cautos y apenas nos permite señalar algunos senderos o pistas del recorrido positivo de la praxis de la Multitud en esa dirección:

·       Las nuevas formas políticas exigen conceptos nuevos, como los que acompañaron la edificación del Estado nacional central y la construcción de la categoría de pueblo. Pero esos conceptos no son inventados por pensadores o filósofos, sino que deben emerger de las experiencias colectivas por prueba y error.

·       Es preciso construir nuevas formas de vida que no tengan más como centro la obediencia al Estado y la obligación del trabajo asalariado.

·      Hay que insistir en que la idea de la singularidad como predicado de la Multitud es opuesta a la idea de individuo del liberalismo. Para éste el individuo es primero y a partir de allí se busca comprender como se relaciona con los otros en una Unidad como la que ha sido el Estado. Por el contrario, en la Multitud el individuo, la singularidad, es un proceso, que parte de la Unidad de nuestras aptitudes genéricas como especie.

·       Votar o no votar no es el dilema. La cuestión central es construir formas de democracia no representativa que estén a la altura de las fuerzas productivas de hoy.

·       El problema de la Multitud no es tomar el poder, sino limitarlo y hacerlo decaer construyendo instituciones y una esfera fuera de él.”