Editorial 88. Las paradojas de la transición: Menos democracia, Menos diplomacia, Más autoritarismo, Más Guerra.
20 septiembre 2026
Panorama Global: Cambio de Época y Desorden Mundial
El mundo transita de manera acelerada desde una hegemonía unipolar encabezada por Estados Unidos de América hacia la configuración de un sistema multipolar, atravesando en la actualidad una etapa caracterizada por el desorden internacional y el reajuste geopolítico. El orden mundial se está definiendo primordialmente a través de la vía militar y las derrotas o victorias en el campo de batalla, dejando en un segundo plano las salidas políticas negociadas. En este contexto de cambio de época, las confrontaciones bélicas de alta intensidad se han convertido en el motor principal de la reorganización territorial y política global.
Paralelamente a las disputas territoriales, esta época se encuentra marcada por una revolución científico-técnica dominada por la inteligencia artificial, la cibernética, el Internet de las Cosas y el procesamiento masivo de datos. Si bien China es uno de los principales ejes de desarrollo tecnológico de la quinta revolución industrial, en occidente se viene impulsando y concentrando este poder en corporaciones privadas manejadas por los llamados «tecnofascistas», que a su vez convierten en clientes a los estados que pagan sumas millonarias para acceder a tecnologías de control, de amplio monopolio sobre la información y los recursos digitales.
Los gigantes occidentales que manejan la inteligencia artificial y concentran el monopolio de la tecnología de la data, no solo son productores de bienes y servicios para el mercado, sino que aspiran a crear y controlar tecnoestados. Como consecuencia de esta dinámica, los estados democráticos resultan cada vez más incompatibles frente a la consolidación de estos dominios tecnocráticos.
Los avatares del cambio de época pasan por ejes del poder político y militar. La guerra es el instrumento de cambio de los equilibrios o desequilibrios de los poderes y las dinámicas de dominación y/o sometimiento. No es ideológica la confrontación de poderes actuales, aunque son herederos del antagonismo capitalismo-socialismo; occidente-oriente. Todos llegan a la economía de mercado, pero no al fin de la historia. La diplomacia es el lugar menos utilizado y destacado para definir áreas de influencia; Ucrania e Irán nos lo recuerdan. De allí saldrán poderes regionales nuevos y se afianzarán en medio de la guerra de los drones y los misiles.
El cambio de época viene asociado directamente al establecimiento de un nuevo orden mundial, lo que implica que hay un viejo orden que está desapareciendo, en una transición sin temporalidad definida: del poder unipolar de los Estados Unidos a un poder multipolar. Durante la última campaña para las elecciones presidenciales de EE. UU., el entonces candidato Donald Trump prometió arreglar y acabar rápidamente por la vía diplomática los conflictos que se presentaban por los nuevos liderazgos mundiales; es así como anunció mediaciones de paz en la guerra Rusia-Ucrania, por lo que se suponía que la construcción de este nuevo orden mundial iba a ser un proceso negociado y pacífico.
Ya han pasado casi dos años del inicio del segundo periodo de gobierno de Trump, y los procesos fundamentales no se han resuelto, están en guerra. La guerra está decidiendo las nuevas geopolíticas, apartándose de lo presupuestado, circunstancia que resulta negativa: la geopolítica no se define por sí sola, sino mediante derrotas o victorias en el campo de batalla. Eso ha sido invariable con pocas excepciones.
El último cambio de época registrado fue la disolución de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas URSS, dando paso a la hegemonía norteamericana de los últimos cuarenta años. Este proceso histórico fue conducido por la política en manos de Gorbachov, sustrayéndose de la definición por las armas; el Ejército Rojo, volvió a sus cuarteles de invierno, no intervino en detener la disolución de la URSS a pesar de su poder militar e incluso sus recursos estratégicos atómicos. Lección de la historia, cuando el centro de gravedad es la política y no la guerra
Pero ahora estamos asistiendo a un nuevo cambio de época, que viene precedido de una revolución tecnológica, científico-técnica, donde apareció la cibernética, los avances de la informática, la inteligencia de las cosas, los megadatos, los nuevos sistemas de comunicación con la inteligencia artificial, que trascienden a las relaciones sociales y a las formas de asociación humanas y personales.
Estos cambios no solo se reflejan en lo progresivo; empiezan a despertar dudas en torno a la concentración de poderes y monopolios del manejo de los datos, a la transformación de los estados de derecho en «tecnoestados», o liderados por los llamados «tecnofascistas», «libertarios» que buscan hegemonizar los avances de la revolución científico y técnica; por lo que las democracias, como las conocíamos, son poco afines a estos cambios de la época.
Este fenómeno del cambio de época es una transición donde no se devela aún el nuevo orden. Puede llevar años, décadas, en los que los Estados se mueven como capas tectónicas de la geopolítica y que establecen nuevas fronteras, nuevas alianzas, nuevos caracteres económicos, nuevos personajes de la vida internacional, como en una especie de acordeón donde su fuelle se abre y se cierra.
En este artículo editorial, se resalta los nuevos perfiles de la geopolítica, las panorámicas que se configuran en el conflicto político-militar mundial, las nuevas hegemonías y el tránsito del mundo unipolar al multipolar, lo que pasa por definición de la guerra y los acuerdos económicos, políticos, que pueden conducir a la consolidación de ese nuevo orden mundial. Y mientras esto ocurre, hoy podemos hablar del «nuevo desorden mundial».
Escenarios de Conflicto Internacional
Uno de los frentes más críticos de esta reconfiguración global es la confrontación entre Rusia y Ucrania, donde los canales diplomáticos se encuentran completamente cerrados en favor de una resolución estrictamente militar. La estrategia de Rusia se enfoca en consolidar el control sobre el Donbás e impedir la expansión de la OTAN hacia sus fronteras, escenario que de no contenerse podría desencadenar una escalada bélica prolongada directamente en suelo europeo. Para la postura rusa, una eventual derrota estratégica significaría la pérdida de su autonomía como Federación y su sometimiento a la influencia de Occidente.
De forma paralela, en el Oriente Próximo la tensión bélica responde a un carácter de geopolítica energética enfocado en el control de las principales rutas mundiales de transporte de petróleo y gas. La ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán busca neutralizar la resistencia regional para establecer un dominio hegemónico en la zona. Esta confrontación se agrava con el bloqueo estratégico de lugares de tránsito clave como el Estrecho de Ormuz y el Canal de Suez, este último afectado por las acciones de los hutíes en Yemen.
En medio de estos escenarios bélicos, Eurasia se afianza como el eje geopolítico central para la consolidación del espacio multipolar, impulsado principalmente por el Foro de Cooperación de Shanghái y los BRICS. Estas plataformas coordinan alianzas económicas e integran a gran parte de la población mundial bajo el liderazgo de potencias como China y Rusia. En contraste con la dinámica de integración en Eurasia, América Latina continúa mayoritariamente subordinada a la influencia de Estados Unidos a través de esquemas de alianzas de seguridad regional como el Escudo de las Américas.
Geopolítica de los Conflictos Globales
En el conflicto Ucrania-Rusia se cierran las negociaciones por la vía diplomática. Se aspira a que el resultado de la guerra establezca quien es el ganador. Rusia ha resuelto que la definición de límites y control territorial con Ucrania-OTAN, va a ser solucionada militarmente y en la toma total del Donbás y quizá en el copamiento de Ucrania. El conflicto de larga duración por el control de Ucrania tiene como correlación de fuerza la aspiración de la alianza de occidente en la OTAN de lograr un predominio militar, derrotando las pretensiones de Rusia y buscando su disolución.
La intención de la administración Trump, en su segundo período, inicialmente estuvo marcada por una fuerte tendencia a superar el estado de guerra total que había planteado la administración Biden y que dejaba a Estados Unidos prácticamente como el último en entrar a un conflicto que arrancaba con Ucrania y pasaba por Europa, buscando disolver a Rusia, que ha sido leída históricamente como el competidor directo de Eurasia.
Esta situación fue cambiando; aunque Trump se propuso como hacedor de paz, no logra que Rusia negocie diplomáticamente y que abandone su idea del control militar de Ucrania, pues perder una guerra contra este país, implica perder la autonomía como Federación Rusa y quedar sometida, como dijo Putin, a 100 años de esclavitud de Occidente; fenómeno ya conocido en el dominio de casi 100 años sobre China que arranca con el Japón y que termina en Occidente.
Tal vez lo más destacado del conflicto Rusia-Ucrania, que a su vez es un conflicto con Europa y la OTAN, es que siempre ha estado cerrada la negociación político-diplomática. Se habla de negociación, pero no es el camino que se ha elegido. En su lugar se espera que se resuelva en el campo de batalla. De darse el copamiento del Donbás por Rusia, quedará abierto el conflicto en el copamiento de toda Ucrania porque la OTAN tiene interés en entrar a este territorio y Rusia va a querer no permitirlo. Recodemos que Rusia rechaza la presencia de la OTAN en sus fronteras, y es por esto por lo que inició el conflicto con Ucrania.
La confrontación latente, potencial y real es entre Rusia-OTAN. Puede ser que el origen o nacimiento de este conflicto se consuma en territorio ucraniano; si no es así, de todas maneras, este conflicto euroasiático —donde se involucra China indirectamente— puede tomar relevancia en el campo de batalla llamado Europa.
El Conflicto en Oriente Próximo y las Rutas Energéticas Mundiales
El conflicto Estados Unidos, Israel, Irán también cierra la negociación diplomática. Irán se niega a negociar con los Estados Unidos o Israel; la tensión es latente, semana por semana vuelven los misiles, los drones, los ataques, todas las ofensivas militares, los bombardeos masivos de Estados Unidos e Israel.
Mientras el conflicto de Rusia con Ucrania es geopolítico, en el sentido de no permitirle a Ucrania ser una punta de lanza como fuerza OTAN o fuerza europea; el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán es de naturaleza diferente, se busca copar militarmente a Irán para permitir que Israel quede hegemónico en la zona. Irán es el país que quedó fuera del control de Israel, que a su vez es un área de influencia de los Estados Unidos.
Lo anterior tiene un recurso estratégico adicional y muy importante: el estrecho de Ormuz es el lugar por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo y del gas a nivel mundial. Por lo que las grandes concentraciones de petróleo, de petrodólares, de inversión en armas y seguridad, se han convertido en un campo de batalla. Y el campo de batalla tiene un centro de gravedad cifrado en quién controla el estrecho de Ormuz.
Hoy aparece un nuevo elemento complementario al control en el estrecho de Ormuz; en Yemen los hutíes han tomado posiciones claves en inmediaciones del canal de Suez, controlando la costa yemení del mar Rojo y de puntos como el estrecho de Bab el Mandeb. Por el canal de Suez transita aproximadamente el 8% del petróleo y del gas a nivel mundial; por lo que las geopolíticas de los recursos energéticos van a tener dos cuellos de botella.
El conflicto del Oriente Próximo o de Medio Oriente, hoy básicamente es contra Irán; ya esta guerra había tenido antecedentes: lo que pasó con Palestina y Gaza, con Libia, Arabia Saudita, todos países petroleros en esencia. Estos conflictos tienen como centro de gravedad la fuente energética más importante de los países capitalistas de Occidente y también del Oriente. Por allí transita petróleo que sale hacia India y China, pero no se han dado bloqueos contra estos países, pues implicaría una confrontación directa.
A pesar de que en los dos conflictos más relevantes Ucrania/OTAN-Rusia, EEUU/Israel-Irán, no ha habido equilibrio entre las partes, tampoco ninguno de los actores ha ganado la guerra. Tanto Rusia como Estados Unidos e Israel no han triunfado; en el caso de Rusia con Ucrania y en el caso de Estados Unidos e Israel con Irán. Entonces aquí estamos frente a dos fenómenos de guerras irregulares, de altísima intensidad y posiblemente de larga duración.
El Eje Euroasiático (Shanghái, BRICS) y la Hegemonía en América Latina
En paralelo a los escenarios de guerra, el tránsito del poder hegemónico norteamericano unipolar hacia poderes multipolares, pasa por la redefinición de correlaciones de fuerza en el campo económico, político, militar y tecnológico. Entre el 31 de agosto y el 1 de septiembre de 2026 se reunieron los lideres de China, Rusia, India, Pakistán e Irán, en el foro más importante de Eurasia, la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) celebrada en Biskek, Kirguistán, que conmemoró el 25.º aniversario de la fundación del bloque.
Eurasia ha sido siempre el lugar de la contradicción más relevante para EE. UU.; ya Brzezinski —uno de los pensadores norteamericanos más importantes—, hace treinta años, de manera magistral analizó que allí iba a presentarse uno de los grandes conflictos a futuro. Lo que él vio como futuro, nosotros lo estamos viviendo como presente. Eurasia es el lugar donde se va a definir el mundo multipolar, no es necesariamente en el Sur Global.
El Sur Global participa en un bloque económico fundamental, los BRICS, que a su vez es liderado por lo Eurasia (China, Rusia, India); en este escenario participan países del sur global como Brasil, así como países de la ex Unión Soviética que se están vinculando a esta iniciativa. Los BRICS, hoy por hoy, no son un poder político-militar o una alternativa de poder multipolar, sino que se configuran como pactos de cooperación económica, que posiblemente puedan migrar a escenario más afines ideológicamente y convertirse en alianzas político-militares. A pesar de que existen elementos de unidad no quiere decir que se ha consolidado: el Pacto de Cooperación de Shanghái es para Eurasia, mientras los BRICS son para el Sur Global.
Mientras Europa, es un lugar de disputa político-militar; se ha abierto el espacio de Eurasia, tal como lo previó Brzezinski: el foro de Eurasia de Cooperación Shanghái está demostrando ser una fuerza alternativa económica que concentra el 41% de la población mundial. En lo que corresponde a América Latina, no necesariamente se abre para el mundo multipolar. Esto no es lo que está previsto.
Estados Unidos está jugando a imponer una hegemonía en Occidente; ha presentado incluso mapas de cómo se configura este poder, proponiendo que Canadá sea el Estado cincuenta y uno, una colonia; por su parte Canadá que había sido aliado central y fundamental de EEUU, a buscado alianzas con Europa. Del Río Sur, de México para abajo, los países por propia iniciativa se suman al Escudo de las Américas.
Se abre así, un nuevo perfil de alianza hegemónica político y militar norteamericana, en el Escudo de las Américas, dirigida por Estados Unidos, donde el mundo multipolar que vemos en Eurasia y que se refleja en los BRICS no es tan contundente para América Latina, que retorna a ser área de influencia de la hegemonía norteamericana. Colombia hace parte de este destino manifiesto.
Coyuntura Política y Social en Colombia
En la esfera nacional, Colombia experimenta un viraje en su política interna tras el cierre del periodo presidencial de Gustavo Petro y la llegada de la nueva administración. Este cambio gubernamental frena las reformas estructurales en sectores como la salud y la educación, reabriendo el modelo económico neoliberal y restaurando la hegemonía del régimen político tradicional, sumado a una clase política emergente heredera del flujo de la economía del narcotráfico y la defensa de la ideología paramilitar.
Está por verse la dimensión de este cambio: además de resquebrajarse las reformas sociales implementadas en el último cuatrienio, ya se han observado embates a la democracia liberal especialmente en lo relacionado con la libertad de expresión y prensa o la defensa desde los micrófonos del estado de perpetradores de crímenes de lesa humanidad como Plazas Vega.
La transición deja en evidencia a un país profundamente dividido en dos bloques políticos de magnitud equivalente, no obstante, existen serios cuestionamientos frente al uso de la IA, la proliferación de noticias falsas y las granjas de bots para interferir en la votación a favor del presidente electo. Es de destacar que a pesar de que la legitimidad de ADLE es precaria, se ha venido desconociendo la agenda de los sectores alternativos y las necesidades de amplios segmentos poblacionales que requieren políticas de estado que atiendan sus derechos y reivindicaciones de manera progresiva, colocándose en juego, incluso el modelo de democracia liberal.
El gobierno de ADLE ha empezado a cumplir sus distopias anunciadas en campaña, con radicación de proyectos de ley y expedición de decretos para la implementación de la «Patria Milagro» y el «Ciclo del Milagro» con una agenda de extrema derecha, excluyente y alineada con EE. UU. de América. A diferencia de la exigencia democrática que le hicieron al gobierno Petro de gobernar con todos y para todos, los actores gremiales y grandes medios de comunicación han cerrado filas, de manera conveniente, para privilegiar sus intereses y los del mundo unipolar.
Frente a la política de seguridad y relaciones internacionales, la nueva administración reanuda una adhesión incondicional a la agenda de Estados Unidos y a los lineamientos del Escudo de las Américas. La estrategia interna enfoca la lucha anti insurgente y antinarcóticos desde un esquema de guerra total y cooperación mediante mecanismos como la extradición y la aspersión aérea de cultivos de uso ilícito. Al mismo tiempo, los sectores de oposición y movimientos alternativos se reconfiguran para consolidarse como una opción de poder frente a las políticas de corte de ultraderecha adoptadas por el gobierno entrante. Por último, el panorama político y social del país, aunque el actual gobierno es negacionista del cambio y la variabilidad climática, deberá enfrentar el impacto directo y la manifestación del Fenómeno del Niño.
Cambio de periodo en Colombia: Lo que se abre y lo que se cierra
A diferencia del escenario mundial, en Colombia no hay cambio de época, sino de periodo de gobierno, pero viene con un gradiente complejo. Las fuerzas alternativas esperaban que con el gobierno de Gustavo Petro se interrumpiera la hegemonía del viejo régimen liberal-conservador que, aunque mutó con el triunfo de Uribe Vélez, se prolongó desde el Frente Nacional hasta Duque. Esta hegemonía tuvo una pausa con la elección de Petro, quien buscó un cambio de régimen político y del modelo económico, no obstante, no se logró pese a las reformas sociales del cambio.
La victoria cuestionada de ADLE trae de nuevo la entronización de ese viejo orden económico y de ese régimen político, pero de una manera diferente. Se cierra de una manera drástica el programa de reformas, el fortalecimiento de la capacidad del estado, la satisfacción de bienes y servicios, la inversión del gasto público en la institucionalidad pública. Se espera que los cambios logrados vía reforma constitucional no se desmonten, sin embargo, ADLE promete asfixiarlos vía disminución de presupuesto o desregularización por decreto.
Ya se prendieron las alarmas frente a la Reforma Pensional y la obstrucción de los Fondos de Pensiones Privados para devolver los aportes de los afiliados que migraron a Colpensiones; el desmonte de los decretos que establecían el procedimiento para que el Ministerio del Trabajo ejerciera el seguimiento y rectoría de la Reforma Laboral; el desmonte de las declaratorias de las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos (APPA) en la Sabana de Cundinamarca; el nuevo rescate de las EPS; la desfinanciación de la JEP y de la institucionalidad para la paz y sus políticas públicas. Se reabre el modelo neoliberal, quedando en conjetura la profundidad de esta motosierra.
El fenómeno del Niño se pronostica que será el más drástico de todos los tiempos; el gobierno de ADLE además de ser negacionista del fenómeno del cambio y la variabilidad climática, rechazó de plano las medidas adoptadas por en el periodo de Petro para la transición energética; se avecina el aumento de tarifas de servicios públicos.
Se impone la dinámica de un Estado que deja de ser laico para ser teocrático, con una fuerza subsidiaria de una tradición provida sin derechos, del opus dei, del legado de Juan Pablo II, los milagros de la Virgen de Fátima y del cristianismo protestante, renunciando a los valores liberales de la democracia occidental, enfrentándose ideológicamente a quienes se consideran comunistas, de izquierda, defensores de derechos humanos o integrantes de movimientos alternativos. Se cierra la democracia liberal y se abre un régimen político de ultraderecha.
Vuelve a contar la hegemonía norteamericana. Se abre una nueva relación con el gobierno norteamericano y se cierran acuerdos que se habían hecho por cuenta de la administración Petro. Aunque se aclara que la política antinarcóticos se mantuvo, con resultados demostrables en interdicción de grandes cargamentos y extradición de narcotraficantes, lo nuevo es la adhesión incondicional al Escudo de las Américas y el traslado de las acciones estatales a la cadena más débil con la propuesta del «ciclo del milagro» de aspersión aérea de más hectáreas de coca, de las que hoy se encuentran sembradas.
En la lucha contra las bandas criminales nacionales y trasnacionales y negocio del narcotráfico, lo nuevo es el estilo marcial sin charreteras de ADLE, y el enfrentamiento de actores no insurgentes con lógicas contrainsurgentes. En el gobierno Bush y para la implementación del Plan Colombia se unificó las luchas contrainsurgente y antinarcóticos para maximizar recursos y obtener mejores resultados operacionales.
Álvaro Uribe Vélez logró exitosamente que tanto las fuerzas armadas del estado como el país nacional identificara a las FARC como el enemigo interno. El fin del fin y el discurso que la guerra acaba la guerra se convirtió en el centro de gravedad de su gobierno, contando con un capital político que terminó dilapidando con presuntas violaciones a los derechos humanos y los incentivos a las ejecuciones extrajudiciales cometidos por la fuerza pública (falsos positivos, investigado dentro del macro caso 3 de la Justicia Especial para la Paz JEP).
A pesar de que los actores armados ilegales en Colombia siguen dependiendo y a su vez se reproducen por el control de la economía del narcotráfico y de la minería ilegal, el conflicto y la guerra ha mutado, adquiriendo cada vez más unas connotaciones trasnacionales, que se escapan a gobiernos de todos los espectros políticos, de izquierda y de derecha. Adicionalmente, políticos de derecha y extrema derecha tienen comprobados nexos con el narcotráfico y el lavado de activos, pareciendo ser una de las divisas necesarias para ganar el apoyo de EE. UU. y su secretario de estado como ocurrió con el indulto presidencial otorgado a finales de 2025 al exmandatario hondureño Juan Orlando Hernández, quien cumplía una condena de 45 años en Norteamérica por delitos asociados al narcotráfico.
La guerra acaba la guerra: vuelve la retórica, los héroes de guerra (…) y las víctimas
Con el triunfo cuestionado de ADLE, Colombia se alinea en el mismo sentido de los dos conflictos mundiales que hoy tenemos Rusia-Ucrania/OTAN, EEUU/Israel-Irán: se desecha la salida negociada, se finaliza la política de paz total y se opta por la resolución vía militar, en la idea que solo la guerra acaba la guerra, lo político cede a imponer la voluntad de quien triunfa en la guerra. Se da nuevamente el giro a lo militar con autonomía total para resolver el conflicto colombiano, el fenómeno del narcotráfico y el crecimiento de los grupos delincuenciales.
En esta lógica de guerra y de enemigo interno, además de cerrar la negociación, también criminaliza los espacios para hacer oposición política, ideologizando la relación entre Estado- fuerzas armadas -sociedad civil. El Alto Comisionado para la Paz, se convierte en el «Comisionado Nacional de Seguridad», se asfixia el presupuesto para la institucionalidad para la paz y el cumplimiento del Acuerdo de Paz entre el Estado y la guerrilla de las FARC como parte de la estrategia de la Patria y el Ciclo del Milagro.
De la oposición a la Alternativa de Poder: profundización del estado social de derecho
En este escenario de un modelo político y económico que se cierra nuevamente, en una visión no solo neoliberal, sino antiderechos, se abre el debate y la necesidad de ser alternativa de poder más que de oposición. El gobierno de ADLE es nuevo respecto al viejo orden, en el sentido de ser más hegemónico, de no permitir que la agenda de las fuerzas alternativas tengan vocación de poder.
Hay que recordar que ADLE además de haber obtenido un triunfo cuestionado por presunto fraude electoral, ganó con menos del 1% de la votación, por lo que oficialmente el país quedó dividido en dos, consolidando la tendencia que, ya que se había presentado en la elección de Petro, quien obtuvo una diferencia del 3,3% frente a Rodolfo Hernández. A Petro el país nacional y el país político le exigió que debía hacer un gobierno de Acuerdo Nacional que recogiera todas las fuerzas políticas, por su parte, a ADLE a pesar de su triunfo precario se le está dando patente de corzo y chequera en blanco.
Las fuerzas que no comparten la agenda de ADLE, son por lo menos la mitad de los votantes; con las elecciones el país se ratificó como dividido en dos corrientes muy importantes: la que gana con ADLE y un frente por la vida, la paz, la soberanía y la democracia, donde converge el movimiento alternativo, popular, la izquierda, el centro y la derecha civilista. Así, el régimen hegemónico que pretende implantar ADLE, va a tener problemas tanto de legalidad como de legitimidad, dado que medio país no votó por él.
Hay que anotar que es necesario que los grupos que se consideran alternativa al gobierno que se implantó, exploren nuevas pautas y dinámica de cómo hacer la oposición y ejercer contrapoder. Algunos esfuerzos del gobierno de Petro no se concretaron, pero es inevitable que las reformas que se establecieron tengan dolientes, grupos sociales de presión que busquen que se garanticen como una conquista social.
El centro político es un lugar de lo alternativo; a pesar de ser una fuerza que no ha tenido el poder de convocatoria para ganar elecciones presidenciales en Colombia, puede aportar la vocación de generar acuerdos nacionales para retornar a las sendas democráticas. Queda abierto la posibilidad de profundizar una u otra tendencia. Dede la posesión de ADLE se mostró su talante, algunas acciones han sido bien recibidas por quienes lo votaron a favor, y otras muy mal recibidas por sectores de opinión y de oposición, continúa la tensión de dos Colombia. El esfuerzo del Frente social por la vida, la democracia, la paz, la soberanía será profundizar el estado social de derecho y el bienestar de la sociedad colombiana.
Por: Comité Editorial KontraPortada