Editorial 090: ¡Implosión de Occidente con fuego amigo!

20 de octubre de 2026

Parte I: Las tensiones internas y globales de Estados Unidos

  1. Las elecciones de mitad de periodo y el factor electoral de Trump

Hoy abordamos un interrogante central: ¿implosiona Occidente con fuego amigo? Partimos de una situación interna en los Estados Unidos que repercute de forma directa en los dos conflictos globales que atraviesan la administración de Donald Trump. El foco inmediato se sitúa en las próximas elecciones de mitad de periodo (midterms) para renovar el Senado y la Cámara de Representantes.

De acuerdo con las previsiones y las encuestas, el panorama se vislumbra muy adverso para Trump, proyectando que el Partido Demócrata obtenga la mayoría en la Cámara de Representantes y una disputa abierta en el Senado. Si bien los sondeos ubican su aprobación por debajo del treinta y cinco por ciento, subestimar a Trump como figura política resulta complejo. A pesar de no figurar como candidato directo, actúa como el gran elector, convocando el voto en torno a su liderazgo. Su victoria en el segundo periodo presidencial, tras la derrota frente a Biden, se cimentó sobre un caudal de setenta millones de votantes activos que no han desaparecido por arte de magia.

Lo que se pone a prueba no es meramente su desempeño como gobernante —el flanco atacado por los demócratas—, sino su capacidad política y electoral. Sin embargo, decisiones recientes de su propia gestión han provocado tensiones que hoy amenazan con volverse en su contra.

  1. La guerra en Ucrania, el abastecimiento energético y las fricciones transatlánticas

 

Estados Unidos se encuentra involucrado simultáneamente en dos confrontaciones. Por un lado, actúa de forma directa en el conflicto junto a Israel frente a Irán; por otro, sostiene una clásica guerra subsidiaria (proxy) en Ucrania junto a los socios europeos para contener a Rusia. Trump hereda de la administración Biden un conflicto precedido por un profundo rearme de las fuerzas ucranianas concebido para debilitar el poderío ruso. Aunque esta premisa no se ha cumplido plenamente, los recientes ataques de Ucrania contra infraestructuras petroleras rusas han detonado fricciones con Volodímir Zelenski.

Ante la necesidad de proteger recursos energéticos, Trump ha solicitado a Ucrania moderar los ataques contra las reservas de diésel rusas. El hecho más sobresaliente es el anuncio de un acuerdo estratégico entre Putin y Trump para la adquisición de diésel ruso. Si bien no constituye una solución definitiva al abastecimiento global ni a las carencias internas de Estados Unidos, representa una maniobra preelectoral clave de cara a los midterms para contener la altísima inflación y los costos del combustible y el gas que golpean la economía. Este encarecimiento afecta de manera directa a la base agroindustrial del centro de Estados Unidos, un sector de apoyo incondicional a Trump que hoy muestra señales de descontento en las encuestas.

Esta aproximación geopolítica ha provocado que Zelenski, la OTAN y los aliados europeos consideren el movimiento de Trump una “traición”. Argumentan que comprar gas y petróleo a Putin significa dotarle de recursos financieros para sostener su economía y financiar la industria armamentística rusa. A esto se suma la exigencia de levantar sanciones económicas y devolver los fondos congelados a Rusia, delineando un posible acuerdo estratégico bilateral.

Algunos analistas interpretan esto más allá de la coyuntura, visualizando un intento de Washington por acercarse a Moscú para fracturar la alianza estratégica entre Rusia y China. Desde sus orígenes, la política exterior estadounidense ha considerado inaceptable dicha alianza. Esto evoca los equilibrios de la diplomacia triangular de la Guerra Fría entre Nixon, Mao y Jrushchov, adaptados hoy a un escenario con viejos actores en nuevas circunstancias.

  1. La dimensión de fuego amigo en Oriente Medio y el carácter económico de la guerra contemporánea

 

Este giro estratégico ha generado turbulencias en Israel, desde donde se percibe que un entendimiento con Rusia debilita la posición occidental frente a Irán, consolidando una alianza ya firme entre Pekín, Moscú y Teherán. En consecuencia, las decisiones de Trump frente al conflicto en Ucrania, que tiene repercusión en Oriente Medio —incluyendo las tensiones con Yemen— se han transformado en una dinámica de «fuego amigo» que desaprueban tanto los sectores demócratas como los partidarios del propio Trump, al considerarla incompatible con el objetivo estratégico de buscar el debilitamiento económico de Rusia.

En este escenario, Estados Unidos disputa dos guerras —una directa y otra indirecta— para sostener su hegemonía unipolar frente al ascenso de los poderes multipolares de Rusia y China. Aunque China no participa directamente en el frente bélico, se perfila como el competidor estratégico inevitable, pese a los encuentros diplomáticos entre Xi Jinping y Donald Trump.

Actualizando el postulado clásico de Clausewitz de que la guerra es la continuación de la política, hoy constatamos de manera nítida que toda guerra posee una dimensión económica fundamental. En el Golfo Pérsico, el conflicto gira en torno a inmensos capitales financieros, el control del petrodólar, centros comerciales y las principales fuentes energéticas de Oriente y Occidente, vitales para las economías asiáticas como la de China a través del estrecho de Ormuz.

Sumado al bloqueo del Mar Rojo y el Canal de Suez por parte de los hutíes en Yemen, queda de manifiesto que las disputas contemporáneas definen hegemonías regionales y el control de las arterias económicas globales. Irán, a pesar de la asimetría militar frente a Estados Unidos, ha logrado equilibrar un conflicto cuyo centro de gravedad es profundamente económico.

  1. Parangón histórico: la diplomacia triangular, Corea, Vietnam y el rol actual de China

 

Para comprender las dinámicas actuales, es útil mirar en retrospectiva los equilibrios globales de hace más de medio siglo, en el marco de las tensiones entre la Unión Soviética, China y Estados Unidos. Durante la época de Richard Nixon, la apertura hacia Occidente impulsada por Mao Zedong tras la Revolución Cultural se cruzaba con la fractura ideológica y la amenaza de invasión soviética, bajo las directrices de Iósif Stalin y Nikita Jrushchov de mantener la preeminencia de Moscú en el campo socialista. Frente a ello, Pekín optó por una revolución autónoma.

En aquel entonces, los conflictos periféricos —equivalentes a los actuales— eran la guerra de Vietnam y la división de la península coreana. La crisis de Corea se estabilizó mediante un acuerdo diplomático que fijó la demarcación en el paralelo 38 norte, un statu quo prolongado hasta el presente. Por el contrario, el conflicto de Vietnam se resolvió mediante la victoria definitiva de las fuerzas de Ho Chi Minh sobre Estados Unidos. Asimismo, la cuestión de Taiwán permanece irresuelta desde aquel periodo de negociaciones, constituyendo un eventual foco de confrontación futura.

No obstante, el escenario actual difiere sustancialmente frente al de la guerra fría: el conflicto ya no responde a dicotomías ideológicas entre capitalismo y socialismo. La expansión de China a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta o sus inversiones portuarias en el Perú obedecen a lógicas estrictamente geopolíticas y de inserción en el mercado global, superando afinidades ideológicas locales —como lo demuestra su pragmatismo ante los distintos gobiernos independientemente de su espectro político—. Respaldada por una sólida alianza con Rusia y avances tecnológicos militares significativos (drones, misiles y capacidad nuclear), China transita el siglo XXI consolidando su posición económica y geoestratégica.

  1. Las protestas sociales en Europa y las conclusiones de la época

 

En Europa, las movilizaciones sociales y políticas actuales en ciudades como París reflejan un cambio profundo frente al espíritu de Mayo del 68. Las revueltas urbanas de los jóvenes no demandan una transformación del modelo de la sociedad, sino respuestas urgentes ante la precariedad salarial, el desempleo juvenil, la crisis de la educación y el colapso de los servicios públicos. Mientras tanto, líderes como Emmanuel Macron priorizan recursos en una confrontación militar contra Rusia —un enemigo que carece de pretensiones expansionistas territoriales sobre Europa—, arrastrando a Alemania y al bloque europeo a una dependencia subordinada de la OTAN y de las políticas de Washington.

En Alemania, los reveses electorales del partido de gobierno frente a opciones conservadoras y de ultraderecha reflejan exigencias ciudadanas apremiantes: la reapertura del suministro energético ruso a bajo costo, la reindustrialización del país y reducción de la dependencia estadounidense. El desgaste simultáneo de los liderazgos en Francia y Alemania evidencia las contradicciones de una estrategia atlantista que erosiona la economía y profundiza la crisis interna.

En este escenario de fractura, la llamada generación Z irrumpe como un nuevo sujeto político en medio de la crisis. La historia demuestra que los equilibrios globales no se moldean sobre deseos abstractos, sino sobre realidades materiales. Concluimos así que el sistema internacional ha dejado atrás la unipolaridad y las consignas ideológicas del pasado, adentrándose en un nuevo ciclo dominado por complejas pugnas de geopolítica global.

Parte II: La situación colombiana y el debate geopolítico regional frente a las nuevas derechas

  1. La hegemonía norteamericana y la reconfiguración del orden hemisférico

 

Estados Unidos mantiene su dominación sobre Europa, pero el mundo geopolítico desplaza su centro de gravedad hacia Eurasia, con Rusia, China y las naciones del espacio postsoviético como ejes emergentes.  En este escenario, la política exterior más exitosa de Donald Trump y Marco Rubio, se concentra en América Latina, el Caribe, Centroamérica y las Antillas con el denominado Escudo de las Américas que actualiza la doctrina Monroe.  

Bajo esta lógica, la región latinoamericana y caribeña se encuentra prácticamente alineada bajo fuerzas de derecha y extrema derecha identificadas con la administración Trump, consolidando un proceso de hegemonía y subordinación del cual Colombia hace parte.  

  1. El legado del gobierno de Petro y los límites de la Paz Total

 

En Colombia, el ascenso político de Abelardo de la Espriella, representa un retroceso frente al ciclo de reformas impulsado por el expresidente Gustavo Petro, orientado a profundizar un Estado liberal con altos niveles de participación democrática. Las políticas de democratización política, económica, social y cultural arrojaron resultados heterogéneos, pero consolidaron un hito definitivo: la demostración práctica de que es posible transitar del modelo neoliberal hacia un capitalismo social avanzado, no depredador, optimizando la participación de mercado sin recurrir al socialismo.

Por otro lado, a pesar de la apuesta de la administración saliente de «Paz Total», no fue viable consolidarla. Colombia arrastra un conflicto armado de sesenta años de antigüedad, con la persistencia del ELN. Adicionalmente el fenómeno de la violencia ha mutado a estructuras múltiples surgidas de disidencias armadas y del fenómeno de la transnacionalización del narcotráfico.

La confrontación militar planteada por los sectores de derecha y extrema derecha apunta precisamente contra estas estructuras. Sin embargo, ningún gobierno ha interrumpido esta confrontación; incluso la administración de Petro, pese a proponer la Paz Total, también recurrió a operaciones militares y bombardeos; el propio Ejecutivo aclaró que estas estructuras operan como redes del crimen transnacional y mafias del narcotráfico.

  1. Del uso legítimo de la fuerza a los riesgos de persecución política

 

Bajo el liderazgo de Abelardo de la Espriella, las cámaras y las luces se enfocan en el uso de la fuerza estatal para doblegar a los adversarios militares. El riesgo democrático surge cuando dicha lógica coercitiva se traslada hacia el adversario político, convirtiendo la disputa legítima en persecución sistemática y evidenciando tendencias autoritarias orientadas a suprimir cualquier expresión alternativa o diversa.

El movimiento alternativo tiene como agenda transformar el régimen político retrógrado y el modelo socioeconómico excluyente. Sin embargo, la persistencia de amenazas contra la movilización social y la protesta ciudadana evidencia el peligro de criminalizar la oposición. Resulta inaceptable anular por la vía de la persecución a las fuerzas que se oponen al gobierno de manera pacífica, constitucional y democrática. Criminalizar a la oposición bajo los estigmas de la guerra y pretender extinguir los símbolos y la memoria de lo alternativo constituye un paso sumamente riesgoso.

  1. El país nacional de Gaitán y la economía popular

 

Asumiendo el reto cultural, la izquierda y los movimientos alternativos deben conectar, como planteaba Jorge Eliécer Gaitán, con el «país nacional». Esto implica reivindicar a las regiones, a las minorías étnicas y a los sectores marginados que operan al margen de los circuitos del capitalismo formal, como los trabajadores informales.

La economía informal en el país responde a formas económicas de subsistencia y reciprocidad que, aunque se encadenen al mercado dominante, obedecen a lógicas y valores culturales propios. También la agenda neoliberal es agenciada por poblaciones diversas, lo que contrasta con la profundidad de las agendas alternativas, las cuales buscan transformar el modo de producción y democratizar el mercado.

Asimismo, la anulación discursiva de categorías tradicionales como el campesinado y el obrero busca invisibilizar a sectores enteros que no encajan en los parámetros de la economía de mercado formal.

  1. Identidad cultural, resistencia comunitaria y el riesgo de la agudización del conflicto

 

El debate profundo interpela tanto al país político como al país nacional, donde las comunidades se articulan a través de su cultura, su gastronomía, sus expresiones lingüísticas y su armonización ecológica con el entorno. La supervivencia de las poblaciones durante la crisis sanitaria del COVID-19 no provino de la generosidad estatal, sino de redes comunitarias basadas en la solidaridad, el intercambio y el trueque: mecanismos económicos alternativos que persisten en Colombia, América Latina, China, India y otras regiones del Sur Global.

Hoy, la disputa cultural radica en salvaguardar los mitos, ritos y la cosmovisión de poblaciones que reivindican su derecho a existir al margen del modelo de vida unidimensional impuesto. No obstante, esta confrontación se agudiza peligrosamente ante la amenaza latente de utilizar el aparato del Estado, en alianza con poderes militares y paramilitares, para desatar la persecución contra toda alternativa política.

 Por: Comité Editorial KontraPortada (AHM, FEM).