Conversación con mi padre y la patria
A los colombianos que con su voto decidirán el proyecto de país
A los hombres y padres colombianos
Resumen: En este texto, María E. Sánchez a partir de un diálogo con su padre, analiza la realidad política de Colombia en 2026, señalando cómo el miedo infundado al «fantasma del comunismo» y una intensa campaña de desinformación llevaron a más de diez millones de ciudadanos a votar por una opción autoritaria y antiderechos. A su vez, este fenómeno electoral tiene que ver con la consolidación de un «ethos mafioso» que atraviesa toda la sociedad, concluyendo con un llamado urgente a superar la polarización y unirse en una juntanza nacional enfocada en la vida, la paz y el fortalecimiento del estado social de derecho.
Palabras clave: anticomunismo, ethos mafioso, estado social de derecho, patria.
14 de enero de 2026. Por María E. Sánchez.
Ya es frecuente en los hogares colombianos que la política sea un tema central en las conversaciones cotidianas, donde se observan diferencias generacionales e incluso de identidad de país. Hoy estamos en dos orillas diferentes con mi padre: él, militante del partido conservador y seguidor en su momento de Álvaro Gómez Hurtado, su primer voto fue por Guillermo León Valencia y siguiendo la tradición en la primera vuelta del pasado 31 de mayo optó por Paloma Valencia, nieta de este presidente. Yo, por mi parte soy una mujer adulta, progresista, que defiende el estado social de derecho y lo público, la equidad, la profundización de la democracia y la paz, mi primer voto fue por Luis Eduardo Garzón en 2002 cuando la izquierda aglutinaba medio millón de votantes.
Para la segunda vuelta del próximo 21 de junio, tras varios intentos de convencer a mi padre de la justeza del proyecto del cambio, de la necesidad de dar continuidad a las reformas de la modernidad aplazadas por décadas en el país, de profundizar las enseñanzas cristianas de los papas Juan XXIII, Pablo VI, Francisco, León XIV, de fortalecer lo público y la justicia social, de garantizar derechos, recibo un NO rotundo como respuesta. Y ¿Cuál es la razón?
¡Iván Cepeda es comunista, es guerrillero, es aliado de Putin! Me esfuerzo por explicarle que no es así, que en nuestro país la profundización de la democracia es un proyecto revolucionario, que Iván Cepeda es un demócrata, que nunca ha empuñado un arma, que nunca se ha revelado contra el estado, que toda su vida pública ha trabajado por el fortalecimiento del estado social de derecho, que su programa de gobierno solo habla de democracia.
Con sorpresa y contradicción observo que la doctrina anticomunista que se propagó en la década de los sesenta y durante toda la guerra fría continúa teniendo vigencia, a tal punto que se puede convertir en un articulador de identidad nacional. La doctrina del enemigo interno ha trascendido generaciones, hasta hoy 2026 cuando el comunismo sigue siendo un fantasma y el miedo por volverse como Venezuela o Cuba es un elemento que trasciende razones y conciencia.
Nadie en Colombia ha llegado a las urnas con una propuesta de gobierno comunista. Es una fantasía similar a los gigantes que combatía el Quijote de la Mancha, sin embargo, tan eficaz, que se convierte en un elemento aglutinador y de histeria colectiva dejando la escena en una crisis de sociedad, al mejor estilo de lo descrito por José Saramago en el Ensayo Sobre la Ceguera.
Enfrentando este monstruo del anticomunismo, entonces intento hacer razonar a mi padre, que al menos no elija al que promete destripar a la izquierda. Me evade la mirada y me dice que NO lo conoce, que no sabe quién es. He visto como mi familia y mis parientes le han hecho campaña, con la táctica de propaganda nazi de Joseph Goebbels que una mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad. No sé si desconocen el límite entre la verdad y la mentira.
Al observar los resultados electorales más de diez (10) millones de colombianos consideran que la opción anticomunista (aunque no exista un proyecto comunista), antiderechos, anticonstitucional, fascista, machista, clasista, mafiosa, sectaria es la que más le conviene al país. No falta quien dice que la familia, la propiedad privada, la seguridad y la patria han estado amenazadas durante cuatro años. ¡Las estadísticas y la realidad muestran lo contrario!
La familia sigue siento una institución relevante. No se ha expropiado. La paz total no fue la política más eficaz sin embargo se disminuyó el asesinato de líderes sociales, se aumentó la interdicción de clorhidrato de cocaína, se proscribió los crímenes de estado. Por su parte, quienes reclaman la Patria, apoyan una campana vacía con un proyecto sin estado, sin soberanía, sin derechos, sin respeto de la constitución y el ordenamiento jurídico, con autoritarismo, con eliminación del contrario.
Esta expresión en las urnas, además del miedo al fantasma del comunismo canalizó la expansión de la economía del narcotráfico y del ethos mafioso que ha permeado toda la estructura de la sociedad colombiana, en todos sus estratos y clases sociales; ya sea por beneficio directo de esta fuente económica o por un elemento aspiracional “dinero fácil” “riqueza” “lujo” “dólares” “belleza” “consumo” “mujeres” “carros”.
¿El cambio en la clase dirigente tiene que ver con las cuatro décadas de la economía del narcotráfico en Colombia? La élite económica y la clase dirigente del país, que tradicionalmente había optado por “parecer” en lugar de “ser”, hoy se aparta del arquetipocapitalino, con apellidos y abolengo de estadista, para apoyar a un personaje innombrable, el abogado de sujetos cuestionados, el que se hace millonario de la noche a la mañana, el que luce como un gáster italiano, el que emula a Trump, Bukele y Milei.
¿El ethos mafioso se encuentra arraigado en la conciencia del colombiano promedio?: ¿Del que trabaja de sol a sombra, pero su máxima aspiración es tener una camioneta cuatro por cuatro? ¿Del que practica el individualismo extremo del todo vale? ¿Del que atesora privilegios y busca justicia por mano propia? ¿Del que exalta el éxito rápido?
Concluyo esta conversación con mi padre y mi patria, sin darme por vencida, sin ahorrar palabras y argumentos, haciendo un llamado a la conciencia, a la acción y a la cadena de afectos, a superar el falso dilema entre derecha e izquierda y el anticomunismo, a derrotar el ethos mafioso, en la juntanza por la Unidad Nacional en torno a la vida, el estado social de derecho, la protección de la naturaleza, la seguridad humana y la paz.