Excluidos de la Consulta y el Desafío de la Unidad en Defensa de la Curul Internacional y la Democracia sin Fronteras”
“Presentarse con varios aspirantes a la curul internacional debilitaría la fuerza colectiva de la migración como bloque político. Si se fragmenta la candidatura, se corre el riesgo de dispersar votos, diluir la representatividad y lo que sería más grave, perder la curul”.
26/10/2025
Hugo René Orejuela, periodista de la Radio Air Libre de Bruxelles y miembro del Consejo Editorial de KontraPortada
La izquierda colombiana afronta un momento histórico y decisivo. Con la consulta interna del Pacto Histórico, prevista para este 26 de octubre de 2025, están en juego dos retos fundamentales: la elección de su precandidato o precandidata presidencial para 2026 y la definición de sus listas al Senado y a la Cámara de Representantes. En este marco, un actor esencial sigue invisibilizado: la ciudadanía colombiana que vive fuera del país.
Para los colombianos en el exterior, esta consulta no era simplemente un ejercicio interno del Pacto Histórico: era una oportunidad para que su voz dejase de ser marginal y pasara a ocupar un lugar central en la política nacional. Y hay un componente clave: la circunscripción internacional, es decir la curul que representa a los colombianos residentes en el extranjero en la Cámara de Representantes de Colombia. La Constitución establece que “para los colombianos residentes en el exterior existirá una circunscripción internacional mediante la cual se elegirá un (1) Representante a la Cámara”.
Esto significa que los colombianos en el exterior tienen derecho a elegir un candidato de unidad para esa curul internacional, independiente de las listas territoriales, que encarne sus intereses, active sus redes y construya puentes con la política nacional.
Sin consulta, presentarse con varios aspirantes a la curul internacional debilitaría la fuerza colectiva de la migración como bloque político. Si se fragmenta la candidatura, se corre el riesgo de dispersar votos, diluir la representatividad y lo que sería más grave, perder la curul. Para que la circunscripción internacional tenga sentido, es imperativo que haya consenso y unidad en torno a un solo candidato o candidata que pueda aglutinar apoyo y construir legitimidad entre la colombianidad.
Por eso, en este momento político, conviene enfatizar que una consulta propia para la migración, realizada en noviembre como proponen algunas fuerzas políticas del PH, es una vía viable para generar ese consenso. Dejar que la designación sea atropellada, sin consulta, sin debate, sin participación real, nos condena a un proceso de baja legitimidad y alto riesgo de fragmentación.
Y aquí viene otro argumento decisivo: los colombianos en el exterior no solo tienen derecho a votar, sino que ya aportan de manera significativa al país. Los datos lo confirman: las remesas enviadas por trabajadores colombianos en el exterior alcanzaron aproximadamente US$ 7.566 millones entre enero y julio de 2025, lo que representa alrededor del 3 % del PIB nacional. En 2024, las remesas representaban cerca del 2,3 % del PIB, suficientes para cubrir el déficit en cuenta corriente del país.
Este flujo de divisas sostiene hogares vulnerables, impulsa el consumo interno y ayuda a estabilizar la economía local en departamentos como el Valle del Cauca, Antioquia y Cundinamarca. En otras palabras: la migración colombiana no es solo un asunto humano o simbólico, es un factor económico real que contribuye al país.
Si a esa contribución le añadimos el derecho político de participar plenamente en la vida electoral, la exclusión de la migración se convierte en una contradicción para el país: se ven compelidos a mandar recursos, que sostengan familias, que contribuyan a la economía, pero luego se les niega una participación política acorde con ese aporte.
Otra arista de peso: el mecanismo de participación virtual para los colombianos residentes en el exterior. Si se habilita una plataforma confiable, segura y accesible para que los migrantes voten en esta consulta internacional, estaremos ante un precedente electoral valioso. Un precedente que puede y debe utilizarse en las próximas elecciones legislativas y presidenciales para garantizar que la ciudadanía colombiana fuera de fronteras no vuelva a quedar al margen.
Un mecanismo digital de voto exterior correctamente blindado, con identificación fiable, auditoría pública, igualdad de condiciones frente al elector nacional, representa un salto cualitativo para la democracia colombiana. Si funciona bien, envía dos señales de peso: primero, que la colombianidad cuenta; segundo, que el Estado y los partidos reconocen su vínculo permanente con la nación más allá del territorio.
Aquí está el problema: en el proceso que ha rodeado la consulta del Pacto Histórico, esas condiciones mínimas no estaban garantizadas para el exterior. Se había planteado que la plataforma propuesta “no aseguraba la autenticidad del voto, ni la protección frente a fraudes… no validaba de manera confiable la identidad de quien sufragase”. Esa vulnerabilidad no era menor: amenazaba no solo la participación exterior sino la legitimidad del ejercicio en su conjunto.
Si los ciudadanos en el exterior vieran que la plataforma es débil, que no habían sido suficientemente informados, que la consulta no era verdaderamente vinculante, su motivación a participar caería. Y si el voto exterior quedaba relegado o ineficaz, el resultado obtenido tendría menos legitimidad democrática, y el “candidato de unidad” para la curul internacional arrancaría con desventaja.
Para que este momento no pase desapercibido, para que la curul internacional tenga verdadero sentido y para que el mecanismo digital sirva como precedente irreversible, se requiere movilización consciente:
Que los colombianos en el exterior (a través de consulados, redes migrantes, organizaciones de víctimas y ciudadanía libre) reciban información clara sobre cómo registrarse, cómo participar, cuáles son los plazos.
Que el Pacto Histórico y sus partidos aliados garanticen que el proceso de selección del candidato de unidad para la curul internacional sea realmente participativo, transparente, comunicado y realizado en noviembre si las condiciones técnicas y jurídicas lo permiten.
Que se exija a la Registraduría Nacional del Estado Civil, al Consejo Nacional Electoral y al propio Pacto Histórico que el mecanismo digital esté auditado, con soporte técnico, igualdad de condiciones, para que este antecedente quede firme.
Que se articule una postura clara: “vamos a participar si se dan estas garantías; de lo contrario, exigiremos aplazamiento”. Esa actitud no es de pasividad: es un ejercicio activo de ciudadanía migrante que exige su derecho.
En este contexto, la consulta para la migración, puede devenir algo más que un mecanismo interno de partido. Puede transformarse en un laboratorio de democracia migrante. Si se plantea bien, se abre un camino para que los colombianos en el exterior participen plenamente en las elecciones de 2026, para que su voto deje de ser una expectativa lejana y se convierta en una herramienta efectiva.
La curul internacional y el voto digital exterior corren juntos: una sin la otra sería un avance incompleto. Una representación sin mecanismo es puro símbolo; un mecanismo sin representación es mera formalidad. Pero cuando ambas convergen, la diáspora puede pasar de “ciudadanos de segunda” a protagonistas activos.
La verdad es que Colombia está en un momento clave. No se trata solo de quién va en la papeleta, sino de cuántas voces, incluyendo las que están fuera, pueden influir, decidir y transformar. Si la curul internacional para los colombianos en el exterior se elige mediante un proceso de unidad y participativo, y si el mecanismo de voto digital se establece como precedente, estaremos ante una democracia que trasciende fronteras.
Pero para eso es necesario actuar ahora, exigir noviembre, exigir condiciones, movilizar a la diáspora, construir el consenso. Porque quienes residen en Londres, Madrid, Bruselas, Nueva York o Caracas, deben sentir que su decisión efectivamente cuenta. Que su voz será escuchada, que su voto tenga valor.
Porque al fin y al cabo, la patria no solo está en el territorio. Está en la voluntad de todos sus ciudadanos de decidir su futuro, con las mismas condiciones, dentro y fuera de sus fronteras.