Un Viaje hacia la Diversificación Estratégica

“La diversificación de alianzas y la reducción de dependencia de un único mercado son estrategias necesarias en un mundo globalizado”.

11/05/2025

Hugo René Orejuela, Periodista de la radio Air Libre de Bruxelles y del Consejo Editorial de KontraPortada.

El reciente viaje emprendido por el presidente Gustavo Petro hacia China, como parte de sus compromisos como presidente pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), ha suscitado una serie de críticas y análisis confusos. Estos a menudo distorsionan la realidad de las relaciones comerciales entre Colombia y el país asiático. En un momento político de efervescencia en Colombia, la oposición de derecha utiliza cualquier tema para sobredimensionar el impacto potencial de las políticas o relaciones comerciales que el presidente Petro establece, sugiriendo que afectarán negativamente la economía nacional y el bolsillo de los colombianos. Sin embargo, la realidad presenta un panorama muy diferente.

La frase «Colombia es el mayor aliado estratégico de Estados Unidos en América Latina» se repite con frecuencia. Durante décadas, ambos países han mantenido una estrecha colaboración económica, política y de seguridad. Según expertos «Colombia siempre tuvo una relación de subordinación a EE.UU.». Sin embargo, llaman la atención los acelerados acercamientos de Colombia hacia China en los últimos años. China, el principal rival geoestratégico de Estados Unidos, gana terreno en el país sudamericano invirtiendo en múltiples megaproyectos.

En medio de esta rivalidad entre China y Estados Unidos, expertos señalan que este encuentro puede ser una oportunidad importante para Colombia, aunque con ciertos riesgos. “Todos los países están hablando con China. De hecho, Colombia es uno de los pocos países en América y en cualquier parte del mundo que aún tiene más relaciones con Estados Unidos que con China. Colombia está atrasada en esto. No hay que pensar en el mundo de hoy que las relaciones tienen que ser exclusivas con algún país. Esta diversificación es necesaria”,

A comienzos de octubre de 2024, el ex vicecanciller colombiano Jorge Rojas anunció la entrada de Colombia en la iniciativa de la Franja y la Ruta de China, una ambiciosa y también cuestionada estrategia de cooperación del gigante asiático. Desde 2013, esta iniciativa ha invertido miles de millones en infraestructuras y tecnología en múltiples naciones. Cómo y cuándo Colombia se unirá a este club de más de 150 países, incluido más de una decena de latinoamericanos, todavía está en negociaciones. Sin embargo, los expertos concuerdan en que, tras décadas de dependencia estadounidense, Colombia busca diversificar sus alianzas.

El gobierno progresista de Gustavo Petro parece acelerar las alianzas entre Colombia y China, aunque continúa un camino iniciado por administraciones anteriores, como las de los expresidentes Juan Manuel Santos e Iván Duque. Desde la crisis financiera de 2008 que golpeó a Estados Unidos y otros países occidentales, el gobierno colombiano ha mostrado interés en ampliar sus relaciones a otras partes del mundo. “La intención de unirse a la Franja y la Ruta beneficiaría a Colombia diversificando riesgos políticos y económicos, y dependiendo menos de unos pocos mercados”.

Lo que impacta en la polémica generada por los medios corporativos del país, es que las relaciones con China fueron buenas cuando la derecha ostentaba el poder político, sin embargo están muy preocupados cuando se trata del manejo de la política exterior y comercial del gobierno progresista de Petro. Queda latente la intención de los generadores de noticias y de opinión pública, el interés de formar un caos mediático para menoscabar la imagen fuertemente golpeada del presidente Gustavo Petro.

Mirando hacia Washington, durante el primer gobierno de Donald Trump (2016-2020), hubo menos incentivos para que empresas occidentales invirtieran en Colombia. Estados Unidos mostró ser un socio menos fiable. Con la victoria de Trump en 2024, si Colombia no diversifica sus relaciones, podría encontrarse en una situación más modesta y precaria.

 

Colombia, un país rico en recursos naturales y minerales clave para el futuro, necesita inversión y financiamiento para explotarlos, llevar desarrollo a regiones atrasadas y avanzar en la transición energética. Y parece haber encontrado en China a un socio interesante.

Según cifras de la cancillería colombiana, en 1991 Colombia importaba US$8 millones desde China y exportaba US$17 millones. Para 2022, Colombia ya exportaba US$2.165 millones e importaba US$16.000 millones hacia y desde el gigante asiático. China es hoy el segundo socio comercial de Colombia en términos de exportaciones, después de Estados Unidos, y el primer origen de las importaciones del país. Expertos vaticinan que para 2025 o 2026 China superará a Estados Unidos como socio principal de Colombia. Una aceleración asombrosa que despegó alrededor de 2016.

Desde entonces, la inversión china no ha parado en Colombia, especialmente en sectores como telecomunicaciones, hidrocarburos, infraestructura y tecnología. En un informe de comienzos de 2023, la Cancillería colombiana contaba más de 100 empresas chinas operando en el país, con más de 60 proyectos en los cinco años anteriores y con inversiones superiores a US$3.100 millones en infraestructura, minería y energía. La construcción del metro de Bogotá, la explotación de Buriticá, la mina de oro más grande de Colombia, y otros proyectos claves, están impulsados por compañías chinas.

Con la posible entrada de Colombia en la Franja y la Ruta de China, se espera que esa relación comercial se profundice. “Colombia tiene un gran potencial con minerales clave para la transición energética, y China podría ser un gran aliado para desarrollar esta minería de transición.”

La relación entre Colombia y Estados Unidos pasa por momentos delicados. «Colombia rompió relaciones con Israel, un aliado importante para EE.UU. Esto no es bien recibido en muchos círculos, especialmente republicanos». Aunque Estados Unidos no armaría una rabieta por la adhesión de Colombia a la Franja y la Ruta, puede terminar cobrándolo a largo plazo. Este acercamiento a China no sería una sorpresa para Estados Unidos, y la adhesión podría intentar no tocar temas sensibles para EE.UU., como seguridad o justicia.

En sus más de 10 años de historia, la Franja y la Ruta ha ganado defensores y escépticos. Los beneficios, especialmente para países emergentes como Colombia, parecen claros: obtener capital extranjero cuantioso para proyectos clave de desarrollo. Sin embargo, la letra pequeña todavía es difusa. «Colombia debe aprender de otros países de la región, como Chile y Perú, y evitar que las inversiones chinas se conviertan en monopolios de algunas industrias.» Muchos críticos de esta ambiciosa política, aseguran que detrás de estos proyectos China busca aumentar su influencia geopolítica.

El balance es complejo. Colombia podría arriesgar una relación histórica con EE.UU., un aliado cercano geográficamente y con valores políticos y económicos comunes. Por otra parte, debe cuidar su imagen como destino fiable de inversión. «Si llega un gobierno con ideología distinta a la de Petro y se descoloca con China, Colombia puede quedar mal.» La Franja y la Ruta, considerado por muchos como el proyecto estrella en política exterior del presidente chino Xi Jinping, ofrece grandes beneficios pero también desafíos significativos.

El reciente viaje del presidente Gustavo Petro hacia China y la posible entrada de Colombia en la Franja y la Ruta marcan un punto de inflexión en la política internacional del país. La diversificación de alianzas y la reducción de dependencia de un único mercado son estrategias necesarias en un mundo globalizado.

Aunque existen riesgos y desafíos, la oportunidad de fortalecer las relaciones comerciales con China podría traer a Colombia importantes beneficios económicos y estratégicos. La clave estará en encontrar el equilibrio adecuado y aprender de las experiencias de otros países para maximizar los beneficios y minimizar los riesgos.